“Trata a los demás como tu quieres que te traten a ti.”

Margarita

– otro decir de mi difunta abuela…

y la diferencia, con solo un pequeño gesto, es asombroso!

Si el primer contacto con una persona desconocida la inicias con una amplia sonrisa y una mirada a los ojos tienes todas las posibilidades de pasar el día entre sonrisas.

Por desgracia hay personas que son demasiado infelices para percibir e interiorizar una sonrisa de otra persona… pero en vez de sentirte ofendido o incomprendido por un trato injusto piensa en que, a lo mejor, has podido dejar una huella que ilumina su corazón por la noche…

Conscientemente he utilizado una sonrisa – para mi casi exagerada – al entrar en sitios donde sé que lo que voy a pedir es algo espacial, un poco fuera de lo habitual, exigiendo un poco más de atención o trabajo (ahora mismo tengo en mente la imprenta) y además me he mentalizado en la puerta para intentar a transmitir esa energía positiva a través de mi mirada y postura corporal que hará la diferencia entre un resoplo profundo negando con la cabeza y un interés por hacer algo nuevo y distinto que puede hacer este día tan interesante.

La verdad es que si te rodeas de sonrisas te sientes más feliz – ¡eres más feliz!

Me gusta mucho la rutina

 Casa4

– tanto su presencia como romperla de vez en cuando… y ahora mismo empiezo a echarla de menos.

Cuando una actividad se convierte en una costumbre habitual, una rutina, la haces de forma intuitiva y sobre todo no tienes que argumentar contigo misma si debes hacer esto, si hacerlo ahora, porque hoy,… y se gasta menos energía.

A lo mejor suena raro pero la rutina me aporta tanta energía a mi día como el romperla me aporta alegría a mi vida.