Dulce Noviembre

 

Mañana del frío Noviembre lleno del brillo y del intenso color del aire. La escarcha marca cada línea que forman hojas, troncos, árboles,…

Me regalo dos minutos en el medio del prado y en el medio del movimiento – justo entre lo que he hecho y lo que voy a hacer.

Siento como mil y un reflejos de sol me llenan – me llenan los ojos, la piel, los pulmones – me llenan cada célula de mi cuerpo con nitidez.

Respiro el ayer, inspiro el hoy.

Mindfulness (20) y la Naturaleza

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Media hora de paseo por el bosque tiene un efecto benéfico sobre nuestra salud y, especialmente, sobre los signos de estrés que podamos sufrir como por ejemplo alta presión arterial.

Date el lujo de un paseo lento, aunque sea corto, por el campo con plena conciencia. Fíjate en lo que ves, como huele, los sonidos,…

Fíjate en la forma del árbol, el color de las piedras, el vuelo de los pájaros, el sonido te tus pasos y del zumbido de los insectos, el lento cambio de forma de las nubes,…

Respira el viento.

“Una mente clara permite ver más claramente los problemas de la vida” y te ayuda a afrontarlos y ver nuevas soluciones – nuevos horizontes.

Mi Tiempo Mío

“La carencia de tiempo libre potencia la incidencia de patologías como la ansiedad y el estrés.” KitKat

Corro para ver…

Corro para ser…

Corro para respirar…

Corro para llegar…

Corro… para no tener que correr…

Mil veces habré dicho “no tengo tiempo”, “me faltan horas”, “ojalá pudiera… pero no puedo”… Mil veces habré oído las mismas frases de otras personas… No es solo un decir o una escusa sino que la sensación es real. En algún momento he entrado en la dinámica de dejar que el tiempo se me escapara. Este verano me encontré con una amiga, escritora y alma solidaria, que hace unos años dejó la capital y se fue a vivir en las afueras de Sevilla y me dijo que lo que más aprecia de ese cambio es que ahora su vida tiene meses, los meses tienen semanas, las semanas tienen días y los días tienen horas. Mi hizo reflexionar sobre el tiempo. Llevo años persiguiendo mi tiempo – muy consciente de ello y practicando mindfulness – pero aún así tengo la sensación de correr detrás… haciendo un montón de cosas pero nunca suficientes. Después de varias semanas regando esa semillita que me sembraron las palabras de mi amiga en mi mente he decidido ser otra vez responsable dueña de mis horas y de mis días. He empezado con el ejercicio de darme pequeños “ratos de Kit-Kat” – pausas energéticas para focalizar y reflexionar y estar conmigo. Otro ejercicio muy bueno es nunca decir a nadie la típica frase de que no tengo tiempo. No hay argumento para no disponer – por supuesto sin ser egoísta para nadade mi tiempo que es mi vida.

Ejercicio para Actuar plenamente Consciente

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(Mindfulness 18)

Quiero compartir un ejercicio de mindfulness perfecto para estos días de vacaciones aprovechando un rato en la playa tomando el sol o descansando en la sombra en la hamaca:

Quédate quieto durante 5 minutos y comprométete a no moverte, bajo ningún concepto, de manera automática – busca el control total. No puedes cambiar la postura ni rascarte si te pica ni espantar la mosca que pasea por tu cara sin primero reflexionar y pensar en lo que vas a hacer. Observa y controla el impulso. Si necesitas rascarte espera un instante – siente el cosquilleo (donde, como, intensidad) – y luego te rasgas cuando tu lo decides plenamente consciente del movimiento.

¡Siente y disfruta!

 

Pequeños detalles…

  … , temporales y persistentes. En ellos dejo descansar mis ojos de vez en cuando para recordar que vivo mi vida. Me rodeo con esos detalles para siempre tener esos espacios, por pequeños que sean, donde habita mi luz y mi paz…

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Ruido o Sonido – Mindfulness 17

ruido

He dormido mal. La mañana no me ha cundido e intento escribir mientras los niños juegan en la habitación de al lado con voces altas que no paran de llegar a mi en un continuo chorro. Me entran ganas de decirles que se callen pero… paro un momento – cierro los ojos un momento y respiro – y me concentro en escuchar lo que dicen, en seguir su juego a distancia y en ese mismo instante el ruido cambia a ser sonido. Mi agobio desaparece y me invade la felicidad escuchando dos pequeñas personas creando un mundo imaginario basado en sus impresiones del día.

Disfruto… y sigo escribiendo…

Con el parón he ganado tiempo, he recuperado la concentración y – sobre todo – calidad de vida.