Mindfulness (20) y la Naturaleza

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Media hora de paseo por el bosque tiene un efecto benéfico sobre nuestra salud y, especialmente, sobre los signos de estrés que podamos sufrir como por ejemplo alta presión arterial.

Date el lujo de un paseo lento, aunque sea corto, por el campo con plena conciencia. Fíjate en lo que ves, como huele, los sonidos,…

Fíjate en la forma del árbol, el color de las piedras, el vuelo de los pájaros, el sonido te tus pasos y del zumbido de los insectos, el lento cambio de forma de las nubes,…

Respira el viento.

“Una mente clara permite ver más claramente los problemas de la vida” y te ayuda a afrontarlos y ver nuevas soluciones – nuevos horizontes.

Ese noviembre…

hojas rojas

… con esa luz tan especial, con esa nitidez tan fascinante, con esos colores tan espectaculares, con ese fresco tan penetrante…

La naturaleza descansando recargado de energía, conteniendo la respiración preparándose para frío y viento. Esperando.

Otra joya en la Librería:

“El Viejo y el Mar” de Ernest Hemingway

El viejo y el mar1libro viejo mar

“Todo en él era viejo, salvo sus ojos; y éstos tenían el color mismo del mar…”

La soledad, la dura relación del hombre con la naturaleza, la afirmación del deseo de vivir a pesar de las frustraciones y desengaños, el sentimiento de muerte, la valentía física e intelectual… Son algunas de las circunstancias de la vida ante las cuales Hemingway expresa una profunda sensibilidad.

Es la historia de un viejo pescador a quien la suerte parece haber abandonado y el desafío mayor al que se enfrenta; la batalla despiadada y sin tregua con un pez gigantesco en las aguas del golfo. Fue escrito por encargo de la revista Life en 1952.

¡Es un pequeño libro gigante!

Footprints in the Sand

palmar 016

“No importa, que más da.” – “Soy una gota en el mar.”

Por muy raro que parezca, este pensamiento me da paz. No quiero decir, para nada, que mi vida no sea importante para mi o que no siempre lucho por la vida de mis queridos, por la de la naturaleza, el medio ambiente y la del mundo mundial pero me ayuda a no sentirme tan sumamente impotente.

La responsabilidad siempre me ha pesado. Me acuerdo de niña, muy niña, llorando en mi cama porque había gente muriéndose de hambre en África o por los judíos que habían muerto en los campos de concentración muchos años antes.

La frustración que siento al ver que hay cosas injustas, o malas según mis creencias, es casi insoportable. En mi día a día puede tratarse de cualquier cosas como una cena no perfecta, un coche aparcado ocupando dos sitios sin respetar los demás que necesitan aparcar, el egoísmo de un adolescente, la perdida de un libro, la contaminación, la mentalidad “gastar y tirar”, las guerras,… ya ves; cualquier cosa – y la mayoría de ellas fuera de mi alcance en cuanto a poder influir.

El intentar encontrar las proporciones reales, en las dimensiones del cosmos y del tiempo, de lo que yo importo en “el todo” me tranquiliza. Siempre haré lo máximo posible por el bien de este mundo y por mi vida porque, pudiendo cambiar mucho o poco… o nada, la satisfacción personal es enorme cuando veo el reflejo de mi esfuerzo y de mis intenciones en mi alrededor… pero más que el máximo es imposible.

Hmmm…   … no hay mar sin gotas…!