…volví…

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Después de un tiempo rumbo al sol con los vientos de guía ya he vuelto a casa y, poco a poco, encuentro la rutina…aún que cuesta…

Esta semana, a parte de trabajar actualizando esta “ventana” que da a mi taller y mi estudio donde también quiero compartir pequeños momentos de mi día a día, he terminado los encargos que tenía pendientes en el taller (tres colgantes y un anillo) – agradezco mucho la paciencia que han mostrado mis clientes este mes de vacaciones. Mañana salen todos los envíos hacía nuevos horizontes y corazones…

 

“Trata a los demás como tu quieres que te traten a ti.”

Margarita

– otro decir de mi difunta abuela…

y la diferencia, con solo un pequeño gesto, es asombroso!

Si el primer contacto con una persona desconocida la inicias con una amplia sonrisa y una mirada a los ojos tienes todas las posibilidades de pasar el día entre sonrisas.

Por desgracia hay personas que son demasiado infelices para percibir e interiorizar una sonrisa de otra persona… pero en vez de sentirte ofendido o incomprendido por un trato injusto piensa en que, a lo mejor, has podido dejar una huella que ilumina su corazón por la noche…

Conscientemente he utilizado una sonrisa – para mi casi exagerada – al entrar en sitios donde sé que lo que voy a pedir es algo espacial, un poco fuera de lo habitual, exigiendo un poco más de atención o trabajo (ahora mismo tengo en mente la imprenta) y además me he mentalizado en la puerta para intentar a transmitir esa energía positiva a través de mi mirada y postura corporal que hará la diferencia entre un resoplo profundo negando con la cabeza y un interés por hacer algo nuevo y distinto que puede hacer este día tan interesante.

La verdad es que si te rodeas de sonrisas te sientes más feliz – ¡eres más feliz!

Un lugar de Paz

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En un lugar en nuestro jardín hay un suelo de piedra con seis pilares que aguantan un marco de hierro que, a su vez, aguanta un techo denso de Glicinia que ahora mismo está en flor.

En ese lugar estos días comemos, merendamos, trabajo, leo, hablamos y escuchamos…

… escuchamos el zumbido de miles de abejas y abejorros. En ese techo de flores lilas y blancas hay una actividad frenética desde el amanecer hasta el atardecer y para mi es como algodón auditivo para el alma – me da tanta paz…