Footprints in the Sand

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“No importa, que más da.” – “Soy una gota en el mar.”

Por muy raro que parezca, este pensamiento me da paz. No quiero decir, para nada, que mi vida no sea importante para mi o que no siempre lucho por la vida de mis queridos, por la de la naturaleza, el medio ambiente y la del mundo mundial pero me ayuda a no sentirme tan sumamente impotente.

La responsabilidad siempre me ha pesado. Me acuerdo de niña, muy niña, llorando en mi cama porque había gente muriéndose de hambre en África o por los judíos que habían muerto en los campos de concentración muchos años antes.

La frustración que siento al ver que hay cosas injustas, o malas según mis creencias, es casi insoportable. En mi día a día puede tratarse de cualquier cosas como una cena no perfecta, un coche aparcado ocupando dos sitios sin respetar los demás que necesitan aparcar, el egoísmo de un adolescente, la perdida de un libro, la contaminación, la mentalidad “gastar y tirar”, las guerras,… ya ves; cualquier cosa – y la mayoría de ellas fuera de mi alcance en cuanto a poder influir.

El intentar encontrar las proporciones reales, en las dimensiones del cosmos y del tiempo, de lo que yo importo en “el todo” me tranquiliza. Siempre haré lo máximo posible por el bien de este mundo y por mi vida porque, pudiendo cambiar mucho o poco… o nada, la satisfacción personal es enorme cuando veo el reflejo de mi esfuerzo y de mis intenciones en mi alrededor… pero más que el máximo es imposible.

Hmmm…   … no hay mar sin gotas…!

El 25% de los niños españoles…

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… menores de 16 años sufren malnutrición.

A estos niños además les falta ropa, juguetes, material didáctico… y espacio para un desarollo sano.

El 30% de los hijos de familias que viven con menos de 640€/mes no consigue el grado escolar.

Estamos hablando de una cuarta parte de las personas que forman el futuro – ¡nuestro futuro!

La próxima vez que hagas limpieza de armario o estantería piensa en el niño que vive en el piso tres calles más abajo o en la familia con la que te cruzas saliendo del supermercado. En casi todas las localidades, grandes como pequeñas, hay puntos de recogida – normalmente contenedores – para destino local.

No hace falta cruzar océanos, desiertos o cordilleras para sentirse útil y hacer diferencia – de tener el placer de dar a alguien realmente necesitado.